¿LA FALLA DE DATOS?: NUEVO INDICIO QUE REFUERZA EL ORIGEN TEMPLARIO DEL CASTILLO DE MESONES

 


La “Falla de Datos” y el castillo de Mesones

El enigma sobre la verdadera fundación del castillo de Mesones de Isuela añade una pieza colosal a su rompecabezas. En esta ocasión, la prueba definitiva no proviene de antiguos pergaminos, sino de la propia estructura de la corteza terrestre. La ciencia geológica contemporánea refuerza drásticamente la tesis central de mi libro, El origen del castillo de Mesones: la fortaleza fue erigida por la Orden del Temple.

Una estructura geológica de gran importancia

La Falla de Datos constituye una de las principales fracturas tectónicas de la Cordillera Ibérica. Este gran accidente geológico forma parte de la compleja red que modeló el relieve del Sistema Ibérico durante millones de años, y ha sido objeto de estudio en muy diversas investigaciones científicas. El marco geológico en el que se ubica Mesones de Isuela está estrechamente relacionado con importantes procesos sedimentarios y tectónicos analizados, entre otros trabajos, en el artículo titulado “An Early Triassic evolving erg system (Iberian Chain, NE Spain): palaeoclimate implications” (Soria, Liesa, Rodríguez-López, Meléndez y colaboradores, 2011).

Este estudio profundiza en la evolución geológica de la Cordillera Ibérica y pone de manifiesto la singularidad tectónica de toda la región. Resulta especialmente significativo que uno de sus autores, Carlos L. Liesa, esté también vinculado a los análisis geológicos desarrollados específicamente en el sector de Mesones de Isuela, al igual que ocurre con el reciente trabajo de Andrea Marín Ostariz sobre la inversión tectónica en este mismo sector.

Pues bien, la Falla de Datos, que atraviesa el término de Mesones en el valle del Isuela, divide el área geográfica de materiales paleozoicos (principalmente los montes de la Lezna) de la zona de materiales mesozoicos. Lo que supone toda una sorpresa es que se ubica, concretamente, bajo el mismísimo enclave donde se levanta el castillo.

El Temple y los lugares geológicamente singulares

Desde hace décadas, distintos investigadores de la geografía sagrada medieval vienen señalando que la Orden del Temple mostraba una clara preferencia por enclaves geológicamente especiales para levantar muchas de sus fortalezas, iglesias y monasterios.

No se trataba únicamente de aplicar criterios militares o defensivos. Los templarios heredaron conocimientos simbólicos y constructivos procedentes de Oriente y de antiguas tradiciones medievales, según las cuales determinados lugares eran considerados espacios de un especial valor espiritual o “energético”.

Entre los emplazamientos más valorados por la Orden se encontraban:

  • Montañas aisladas.

  • Promontorios rocosos.

  • Cuevas.

  • Cruces de corrientes subterráneas.

  • Zonas asociadas a fracturas tectónicas.

Las fallas geológicas, además de generar elevaciones naturales y posiciones estratégicas idóneas, fueron consideradas tradicionalmente por numerosas culturas como puntos de íntima conexión entre la tierra y las fuerzas de la naturaleza.

Imagen del folleto del Geolodía celebrado en Mesones de Isuela el 9 de mayo de 2026. En la parte de arriba de la imagen, de color amarillo, se encuentra el castillo de Mesones, justo encima de la Falla de Datos.


Mesones y la geografía sagrada templaria

La coincidencia entre la ubicación exacta del castillo y el trazado de la Falla de Datos añade un elemento extraordinariamente sugestivo a la investigación sobre Mesones y su fortaleza.

El castillo presenta, desde luego, características difíciles de explicar únicamente desde una función militar convencional:

  • Una monumentalidad impropia para un enclave considerado secundario.

  • Una integración perfecta y orgánica con la roca.

  • Una orientación singular y geometrías poco habituales.

  • Un profundo simbolismo constructivo.

  • Una clara vinculación histórica con el territorio templario.

La presencia de una importante falla tectónica bajo la fortaleza refuerza la posibilidad de que el emplazamiento fuese elegido de forma totalmente deliberada. Muchos de los grandes enclaves asociados históricamente al Temple en Europa se sitúan, precisamente, sobre lugares geológicamente singulares. Esto ocurre porque los templarios parecían conceder una gran importancia al paisaje, las rocas y la topografía como elementos cargados de significado simbólico.

Un castillo que sigue revelando sus secretos

La aparición de este nuevo indicio geológico añade una pieza más a todo el conjunto de enigmas ya planteados sobre el lugar que ocupa el castillo de Mesones. Nos referimos a esa línea imaginaria en forma de aspa de cruz patada de 45 grados que, partiendo de la ermita de San Bartolomé de Ucero y pasando por este castillo (así como por Ricla y las hoces del Jalón en esa zona), llega hasta Mallorca desde Culla.

Todo esto ocurre en un entorno —los montes del castillo— que se encuentra plagado de huellas y vestigios de la prehistoria: dólmenes, cuevas excavadas en la roca, altares de ofrendas, petroglifos y cientos de cazoletas de todas clases. El enclave se sitúa, además, junto al camino de peregrinaje que surgiría después: el de la Vera Cruz o Camino de los Templarios, una vía que en su momento llegó a ser tan importante o más que el propio Camino de Santiago.

En este lugar, pues, donde hoy se alza el castillo, confluyeron todas las “fuerzas” necesarias para levantar semejante fortaleza, convirtiéndola en la mejor de las bases de este camino templario que conducía a Caravaca de la Cruz. Cuando arquitectura, simbolismo, historia, topografía y geología convergen en un mismo punto, surge esta obra colosal y única en el mundo: el castillo de Mesones, una fortaleza erigida sobre una enorme cicatriz tectónica que fue buscada, sin duda, de manera deliberada por sus freires constructores.

Como bien decía Eloy en su novela sobre este castillo: “Los lugares templarios siempre coinciden con viejos emplazamientos celtas, con antiguos lugares sagrados…, lugares donde los antiguos creían que existían fuentes de energías telúricas…”. La combinación de una gran fractura tectónica (la Falla de Datos) actuando sobre un subsuelo rico en sustratos férricos convierte la colina de Mesones, además, en un gigantesco nodo telúrico; una auténtica “antena” natural donde confluyeron, para los templarios, todas las fuerzas de la naturaleza. El lugar perfecto, en definitiva, donde construir juntos la Tierra y el Cielo a través del castillo de Mesones.

 


Lámina del cómic de Eloy Morera: "... Como de los árboles, de los castillos templarios vemos su altura, pero no sus subterráneos y pasadizos" de su cómic “El castillo de Mesones de Isuela”.


 


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